Suena demasiado trascendental hablar sobre esto. Y a la vez totalmente banal.
Es decir, está lleno de charlatanes esotéricos que con una fórmula o alguna predicción dícense tener la verdad cual vaca atada, para que pobres incrédulos les sigan como países enteros a un par de patillas con licuadoras a buen precio.
Pero a buen ojo de cubero todo parecería indicar que anda cerca.
No creo que mañana, ni siquiera en enero, que va a hacer un calor de morirse, pero si prontito.
Fíjense: estamos cada vez más locos, insosteniblemente locos. Nos matamos, nos insultamos, prácticamente no nos soportamos. Hace tiempo que el respeto y las relaciones humanas no estaban tan devaluadas.
El planeta está en las últimas: sequías, innundaciones, huracanes y sanlorenzos.
No aparece nada nuevo: la humanidad no aporta como cultura absolutamente nada revolucionario, nada que sacuda el planeta, ni modas, ni músicas, ni arte, ni orto: todo lo que vemos es un refrito de estos 5000 años de civilizaciones que nos han precedido. Lo único nuevo es la tecnología, que nos propone hacer lo que hacíamos antes pero nada más que ahora a través de un teléfono portátil.
Estamos viviendo de tal manera que pronto el planeta será totalmente prescindible: seamos realistas, no usamos al planeta como especie de la misma manera que lo hemos usado en la antigüedad. Pronto seremos los hijos no reconocidos de una madre muerta.
Con todo esto, y mucho más que se puede adivinar caminando por calle Córdoba mientras, a las 19 hs, voy a buscar a mi mujer, concluyo en que si bien tal vez no sea EL FIN, sea sí un cambio muy radical en nuestra vida como especie y para el cual no estamos ni una teta de preparados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario