14.12.09

Es Necesario el Mono?

Bueno, claro que es necesario el mono. Si no, no lo pondría.
A veces se hace difícil transmitir un concepto que apenas gatea en sensaciones. Debería tomarme el trabajo, para nada sencillo, de redactar los conceptos que se me ocurren para las marcas como lo solía hacer al principio.
Qué haré con tanto papel garabateado me pregunto y, principalmente, alguien lo leerá?
No lo sé, no lo creo.
Pero es muy importante que el concepto de marca sea tal cual un manifiesto de principios, una carta o documento, si no fundacional, organizador de la maraña de significados e ideas que surge de esta.
Entonces, el mono no sólo es necesario, sino que es fundamental.
Pobre mono, que no tiene la culpa de que mi cabeza lo haya significado como portador de una representación tan fuerte. Helo ahí al mono.

11.12.09

El abismo

Creo que elegí una palabra demasiado gráfica para el título. Figura de a ratos la sensación desconcertante que nos invade cuando intentamos consensuar nuestro deseo con una femenina.
Creemos también el discurso: "lo que pasa es que nosotras no somos como ustedes, nos calentamos con otras cosas, tenemos otros tiempos".
Para qué? Para que se les ponga adelante un stripper y reaccionen como el primer gordo de la historia que entró a un tenedor libre. No.
Como si fuera poco nos achacan falta de variables, nuevas formas de amar. Obvio, no podemos adivinar cuál será la formula mágica que las sacará de su cómodo letargo si no hacen nada por que nos enteremos.
Les resulta más estimulante una nueva aventura que intentar nuevas formas con su pareja. Bueno, adelante. Sigan intentando en nuevos cuerpos, que agotarán tarde o temprano, ya que nada hacen por cultivar en ellos el saber del sexo.
Si no van a hablar, a contar, a pedir ni a quejarse, vamos a seguir hablando de abismos antes que de diferencias.

24.11.09

El fin del mundo

Suena demasiado trascendental hablar sobre esto. Y a la vez totalmente banal.
Es decir, está lleno de charlatanes esotéricos que con una fórmula o alguna predicción dícense tener la verdad cual vaca atada, para que pobres incrédulos les sigan como países enteros a un par de patillas con licuadoras a buen precio.
Pero a buen ojo de cubero todo parecería indicar que anda cerca.
No creo que mañana, ni siquiera en enero, que va a hacer un calor de morirse, pero si prontito.
Fíjense: estamos cada vez más locos, insosteniblemente locos. Nos matamos, nos insultamos, prácticamente no nos soportamos. Hace tiempo que el respeto y las relaciones humanas no estaban tan devaluadas.
El planeta está en las últimas: sequías, innundaciones, huracanes y sanlorenzos.
No aparece nada nuevo: la humanidad no aporta como cultura absolutamente nada revolucionario, nada que sacuda el planeta, ni modas, ni músicas, ni arte, ni orto: todo lo que vemos es un refrito de estos 5000 años de civilizaciones que nos han precedido. Lo único nuevo es la tecnología, que nos propone hacer lo que hacíamos antes pero nada más que ahora a través de un teléfono portátil.
Estamos viviendo de tal manera que pronto el planeta será totalmente prescindible: seamos realistas, no usamos al planeta como especie de la misma manera que lo hemos usado en la antigüedad. Pronto seremos los hijos no reconocidos de una madre muerta.
Con todo esto, y mucho más que se puede adivinar caminando por calle Córdoba mientras, a las 19 hs, voy a buscar a mi mujer, concluyo en que si bien tal vez no sea EL FIN, sea sí un cambio muy radical en nuestra vida como especie y para el cual no estamos ni una teta de preparados.

23.11.09

Basta

Ya me cansé. No hay nada más bajoneante que ver las cosas desentramadas en su estructura y creer comprender su génesis.
Con el fútbol me está empezando a pasar eso. Nos estamos excediendo como sociedad en los límites entre la pasión y el fanatismo.
Lo vivo en carne propia: mi organismo se hace eco de la sobrecarga que implica poner en una variante externa a mi acción tanta expectativa.
No hay nada más frustrante que depender de los éxitos de otro y, si no logramos descubrirlo, es tan solo porque  lo compartimos entre muchos.
Me pasó esta última semana previa al clásico que me pregunté: qué gano y qué pierdo con una victoria o derrota de Ñubel? No supe qué responderme. Tan mal estaban mis prioridades y mi deseo en sí que dependía mi satisfacción de la virtud o su falta, de once desconocidos?
Bueno, no. Y así creo que debo pronunciarme. Mi deseo no está en juego aquí, tan sólo mi simpatía. No puedo comprometer mi integridad porque no hay nada de mi allí. No soy yo quien batalla ni seré yo quien cobre esos abultados sueldos a fin de mes. La gloria tampoco me tiene como destino (no al menos la de ellos) y la efímera satisfacción que tendré sólo reside en la frustración de otros.
No es esto lo que quiero, no llegaré muy lejos por este camino.
Pues cambio y voy por otro. Voy por más.

16.11.09

Código de colores

Que fantástica cultura la nuestra. Te juzga por un color, pero no por una patente actitud.
Resulta que por tener una remera rosa soy gay. Claro, si prefiero pasar una noche entera o un fin de semana rodeado de gente de mi mismo sexo, no lo soy, nadie lo pondrá en duda siquiera.
"Miren al de remera rosa, seguramente una desviación en su sexualidad lo ha llevado a optar por un color que identifica a las mujeres recién nacidas!"
No es común en cambio, escuchar comentarios del tipo: "Miren a aquel grupo de hombres, han rechazado a sus mujeres, a pasar tiempo con ellas o con otras inclusive, ya que una desviación sexual los ha llevado a elegir gente de su mismo sexo para compartir experiencias".
Claro, qué podemos esperar de una cultura que juzga a un pobre como un delincuente, sólo por verlo pobre, y ve a un rico que roba y le da el beneficio de la duda.
Mi remera rosa combina muy bien con mis jeans gastados y principalmente con mi "me chupan un huevo los prejuicios infundados".

5.11.09

Nuestros peores enemigos

A veces, y es muy común que esto suceda, somos nuestros peores enemigos.
Buscamos infinitamente en nuestros argumentos más básicos justificar nuestras faltas. Siempre tenemos a mano la excusa que explicará porqué el error se debe situar en el otro, en la situación, la circunstancia.
No podemos detenernos y mirar hacia aquí (no encuentro otra referencia espacial para denominar al "yo").
Entonces entramos en conflicto con el entorno, peleamos, somos incomprendidos, rebeldes, extraños.
Somos unos imbéciles, por así decirlo.
Nos amargamos, gastamos tiempo en justificar nuestro enojo y luego más tiempo en estar enojados.
Tanto ruido hay afuera, tanto silencio adentro. Y tan poco conectados están.

4.11.09

La sensibilidad de Tinelli

Qué lindo es ver las miserias humanas por el vidrio de mi pantalla. No me tocan, no me llegan, no pueden romperla para empaparme de ellas.
Acentúa la realidad aparente que eso le está pasando a otro y me confirma que yo no soy esos, soy otros.
No hay mayor identificación con las problemáticas, ni diferenciación: son todas iguales: chicos sin escuela, padres con sida, violaciones y asesinatos. Todos expuestos en la feria freaky del prime time como si fuera una pasarela satelital en tiempo real, con llegada mundial.
Y a veces, cuando la producción del programa de turno se esmera con una buena edición, eligiendo un buen tema o, inclusive un artista en vivo, nos emocionamos. Dejamos caer una lágrima inocente y decimos "la pucha, qué barbaridad".
El gobierno, claro culpable de algo (no sabría qué, el tiempo le definirá alguna culpa), debería ponerle a los pobres y damnificados un marco de tv adelante. O una pantalla. Algo que suavice el chocante encuentro y nos ayude a identificarlos: "sí! son los negritos simpáticos de la tele!" Podrá decir el taxista en la esquina cuando le vengan a limpiar el vidrio y así, tal vez, no lo mande nuevamente a la matriz materna de manera zoez.

30.10.09

Ojos que no ven, corazón que no siente

Esta frase es una de esas que, por consenso popular, no está sujeta a duda o crítica.
Es uno de esos argumentos esgrimidos con la tranquilidad de no tener que esperar refutación.
Y si bien podría repensarla, me pregunto: será cierto esto en todos los aspectos?
Es decir: tomemos al enunciado en crudo, despojémoslo de la connotación sentimental que trae como sobreentendido y analicemos: podemos sentir sin ver? O más específicamente, sin mirar.
Si no atravesamos con la mirada, nuestra irrupción subjetiva, el mundo que nos rodea: podemos decir que sentimos ese mundo?
Yo pienso que no, no podemos sentir, entendiendo ese "sentir" como la participación de nuestro deseo en la universal disonancia de subjetividades con la que coexistimos y a veces hasta convivimos.
Entonces me vuelvo a plantear: qué importante que es mirar para sentir, para ser. No tengo que dejar de mirar, ojalá no se me escapen tantas cosas de este mundo.