El gato se lame la pata, pero sabe que no es la pata en lo que lo piensa.
Sabe el gato que esa pata trasera estirada hacia adelante, peluda y suavecita, agarrada por sus patas delanteras, lo hace ver irresistiblemente tierno. "Ilusos", piensa en el lenguaje mental de los gatos, uno que nadie conoce pero que debe existir seguro.
Segundos sería una exageración cuantitativa. La vista humana no está preparada para registrar, detectar o prevenirse de lo que un gato es capaz.
Lo único que vi fue al implacable felino correr. Y el ardor en mi pierna sangrante. Los cortes recién empezaron a hacerse notar.
La próxima vez no lo voy a pensar. Negarle a un gato mi paté de foie. Que tonto orgullo humano.
Este blog planea ser el compendio de mis pensamientos "de momento". Esas ideas que surgen en la mente sin avisar, casi en defensa de un inconciente muy poco inocente, y un discurso malformado. Con el correr del tiempo supongo, entrenaré mi inconciente y afinaré mis reflexiones.
26.1.12
23.1.12
Rosario huele a caca.
Como hijo, suponemos, los olores maternos siempre traen sensaciones placenteras, como tranquilidad o pertenencia. Pero el olor a caca, esta caca que es la mierda misma traducida de la calle al blog, no es familiar.
Ya es chocante esta especie de parto que transitamos, desde los ambientes climatizados a una temperatura medio patagónica, hacia las salas de espera del averno gaucho que son nuestras calles. El cuerpo se te descontrola, con todos los pelitos consternados y las tripas como en una comparsa, aclimatarse toma al menos una cuadra caminando a la sombra. Pero el olor, ese desagradable olor a caca, no resiste análisis.
Habrá sido acaso la venganza de los crotos de esta ciudad, en una tan incuestionable como innecesaria protesta, el esconder sus heces en cada esquina? O una estrategia extraterrestre rociar este lado del Paraná con su materia fecal para coordinar un inminente ataque? Escasearán acaso los Huggies y Mimitos y las madres primerizas desbordadas por la fétida producción de sus primogénitos no tuvieron más opción que descartar toneladas de leche y papilla digerida hacia las calles. O es una acción de marketing sin precedentes de Glade, Poet y etcétera para vender sus atomizadores?
El conspirativismo está a la orden del día mientras algunos afortunados sólo huelen caipirinhas en una playa carioca. Tal vez entre ellos se esconda el cerebro detrás de esta sucia realidad.
Quien sabe. Yo, trago aire por la boca y trato de no respirar.
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