30.8.10

Dónde nos deja Internet

Es lunes y la verdad que la semana se me presenta como una catarata desordenada de días y obligaciones por venir. Las ideas están en mi cabeza rotuladas con prioridades puestas en otro momento y ahora se me dificulta darles el protagonismo prometido inicialmente.
De todas, hay una que asoma: recientemente vi un capítulo (pueden llamarse así a las salidas de estos programas de informes que abundan?) donde se hablaba de distintos proyectos que tienen como soporte a Internet.
Sin ahondar en ningún proyecto, me choqué con una de esas verdades que están ahí pero cuesta tanto digerir y asimilar: Internet nos iguala, nos da (a quienes tenemos acceso) la misma posibilidad de aparición que al rico, nos permite emerger subjetivamente y presentarnos a nuestro gusto.
En ese momento, mi cerebro conectó lo que tenía más cerca, y puso como ejemplo el reciente caso de "Papel Prensa". Más allá de que el Gobierno se valiera de la Cadena Nacional y el Monopolio de su Clarín, miles de personas salieron a opinar, contar, reproducir sus pareceres, informaciones y recuerdos a través de las redes sociales, blogs, foros, etc.
Y al margen de las simpatías, sabemos que nadie va a venir a buscarnos por un twitt, ni ponernos en una lista negra de Facebook. Y lo que decimos lo leen otras personas como nosotros leemos lo que dicen otras personas y participamos, en mayor o menor medida, de un espacio de aparición público inédito desde hace muchos años. Y entonces, Clarín y Cadena Nacional quedan en el olvido o sólo sirvieron de punto de partida.
Dónde nos deja internet, entonces? En la incómoda realidad de poder estar ahí, en la incómoda posibilidad de hacer algo. Bienvenida sea!

13.8.10

Inseguridad o delincuencia.

La palabra "inseguridad" nos está condicionando el habla, la vista y la forma de vivir.
Pero no logro borrarme de la mente la etimología que me obliga a asociar "inseguridad" con "sensación de inseguro", e inmediatamente buscar la genealogía de esta provocación.
Lo que causa la "inseguridad" es la delincuencia.
La delincuencia define los crímenes a los que unos hombres someten a otros en el marco de una ley.
Esta delincuencia no es producto de la mala naturaleza de las personas que la protagonizan, sino de una situación de marginalidad.
La marginalidad es producto de la gran diferencia entre los que están bien y los que no.
Dentro de poco, este término nos alcanzará a muchos más, si seguimos así.
Reconocer una situación crónica de marginalidad en nuestro contexto implicará aceptar el papel que nos toca como ciudadanos: cómo discriminamos, cuán solidarios somos y cuánto aportamos para sostener el actual orden de las cosas.
Mucho se nos escapa. Las relaciones de poder son para nosotros como las colas de los supermercados: siempre estamos en la que menos nos conviene.
Pero algo podemos hacer. Puede sonar radical. Pero un pueblo unido y organizado puede condicionar a sus gobernantes a cumplir con lo que les han encomendado.
Sería lamentable tener que asumir que sólo nos movilizamos cuando tocan nuestros bolsillos. Hay vida más allá de los billetes.

11.8.10

Qué manera de hablar.

Entiendo que el discurso sea fundacional del conocimiento de alguna manera. Pero creo que estamos ensayando demasiado. Principalmente con el tema de la "nueva comunicación digital".
Creo que la mayoría de las veces basta sentarse y observar un poco los usos que se hacen de los recursos para entender un poco más su lógica e intentar nuevas acciones.
Por supuesto que esto sacaría de sus casillas a todos aquellos que acuñan en su interior y celosamente la frase "yo entiendo como es esto" o la peor de todas "yo te explico".
Aquella premisa de declararse ignorante frente a las nuevas realidades para poder aprehender y aprender de la experiencia es anecdótica y su olvido nos lleva a la cíclica derrotera de intentar llenar formas nuevas con viejos contenidos. Un error, a mi entender, conceptual, garrafal y frecuente.