3.11.10

Es ahora Ñubel.

Año 1993, final de Copa América. Jugábamos contra México. Recuerdo que en ese torneo, Batistuta no había tenido una gran actuación. Sin embargo encara contra el arco del conejo Pérez con pelota dominada, bah, todo lo que el Bati podía dominar una pelota, cuando Araujo entusiasmado lo sentencia con una frase que iba a quedarme grabada: "Es ahora o nunca Bati, ahora o nunca", para ahogarla en un escandaloso grito de gol: escandaloso no tanto por el relator sino por mi festejo, desprendido ya de la transmisión y entregado a la euforia de celebración juvenil de una conquista deportiva.
Durante años esa frase rondó en mi cabeza en momentos decisivos de mi vida: "Es ahora o nunca" me empujó a decidirme en situaciones en las que el destino estaba esperándome detrás de una opción arriesgada. Lo sigue estando como una certera obligación que mi inconciente ejerce para animarme.
Y vuelve hoy, justo a mitad de camino de estos cuartos de final que protagoniza mi querido Ñubel.
Es ahora o (tal vez) nunca, Ñubel. La historia nos vuelve a ubicar en una instancia en la que exige una actuación trascendente. Los recursos son ideales o tal vez inmejorables.
El destino, pícaro, nos sonríe desde la altura de Ecuador. Es momento de elegir que papel jugar. Y y yo quiero ser su cómplice.
Vamos Ñubel Carajo.