Es lunes y la verdad que la semana se me presenta como una catarata desordenada de días y obligaciones por venir. Las ideas están en mi cabeza rotuladas con prioridades puestas en otro momento y ahora se me dificulta darles el protagonismo prometido inicialmente.
De todas, hay una que asoma: recientemente vi un capítulo (pueden llamarse así a las salidas de estos programas de informes que abundan?) donde se hablaba de distintos proyectos que tienen como soporte a Internet.
Sin ahondar en ningún proyecto, me choqué con una de esas verdades que están ahí pero cuesta tanto digerir y asimilar: Internet nos iguala, nos da (a quienes tenemos acceso) la misma posibilidad de aparición que al rico, nos permite emerger subjetivamente y presentarnos a nuestro gusto.
En ese momento, mi cerebro conectó lo que tenía más cerca, y puso como ejemplo el reciente caso de "Papel Prensa". Más allá de que el Gobierno se valiera de la Cadena Nacional y el Monopolio de su Clarín, miles de personas salieron a opinar, contar, reproducir sus pareceres, informaciones y recuerdos a través de las redes sociales, blogs, foros, etc.
Y al margen de las simpatías, sabemos que nadie va a venir a buscarnos por un twitt, ni ponernos en una lista negra de Facebook. Y lo que decimos lo leen otras personas como nosotros leemos lo que dicen otras personas y participamos, en mayor o menor medida, de un espacio de aparición público inédito desde hace muchos años. Y entonces, Clarín y Cadena Nacional quedan en el olvido o sólo sirvieron de punto de partida.
Dónde nos deja internet, entonces? En la incómoda realidad de poder estar ahí, en la incómoda posibilidad de hacer algo. Bienvenida sea!
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