El gato se lame la pata, pero sabe que no es la pata en lo que lo piensa.
Sabe el gato que esa pata trasera estirada hacia adelante, peluda y suavecita, agarrada por sus patas delanteras, lo hace ver irresistiblemente tierno. "Ilusos", piensa en el lenguaje mental de los gatos, uno que nadie conoce pero que debe existir seguro.
Segundos sería una exageración cuantitativa. La vista humana no está preparada para registrar, detectar o prevenirse de lo que un gato es capaz.
Lo único que vi fue al implacable felino correr. Y el ardor en mi pierna sangrante. Los cortes recién empezaron a hacerse notar.
La próxima vez no lo voy a pensar. Negarle a un gato mi paté de foie. Que tonto orgullo humano.
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