23.11.09

Basta

Ya me cansé. No hay nada más bajoneante que ver las cosas desentramadas en su estructura y creer comprender su génesis.
Con el fútbol me está empezando a pasar eso. Nos estamos excediendo como sociedad en los límites entre la pasión y el fanatismo.
Lo vivo en carne propia: mi organismo se hace eco de la sobrecarga que implica poner en una variante externa a mi acción tanta expectativa.
No hay nada más frustrante que depender de los éxitos de otro y, si no logramos descubrirlo, es tan solo porque  lo compartimos entre muchos.
Me pasó esta última semana previa al clásico que me pregunté: qué gano y qué pierdo con una victoria o derrota de Ñubel? No supe qué responderme. Tan mal estaban mis prioridades y mi deseo en sí que dependía mi satisfacción de la virtud o su falta, de once desconocidos?
Bueno, no. Y así creo que debo pronunciarme. Mi deseo no está en juego aquí, tan sólo mi simpatía. No puedo comprometer mi integridad porque no hay nada de mi allí. No soy yo quien batalla ni seré yo quien cobre esos abultados sueldos a fin de mes. La gloria tampoco me tiene como destino (no al menos la de ellos) y la efímera satisfacción que tendré sólo reside en la frustración de otros.
No es esto lo que quiero, no llegaré muy lejos por este camino.
Pues cambio y voy por otro. Voy por más.

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