30.8.11

Sentimientos de estreno.

Feo le erraba Tangarica, que se daba cada piña que todavía me río. Pero cuando el salto lo vamos a dar desde una subjetividad a otra, tenemos que tener bien claro dónde estamos parados y adonde queremos llegar.
Y esto lo escribo desde la inédita posición de quien ha sido abordado y no desde el que le erra. Estrenando incomodidad.
Y digo estrenando porque no recuerdo muchas otras ocasiones en donde alguien pretendiese mi afecto y no pudiera corresponderlo. Aclaro que en este caso no se trató de una señorita, sino de un señor, y su demanda poco tiene (espero) que ver con el sexo.
Es más fácil para un hombre acostumbrado a la victoria galanteril, esgrimir una excusa que suene bien y sacarse de encima al esperanzado equivocado. No es mi caso. La propuesta me incomoda a sobre manera y me resulta difícil ponerme en ese lugar de decir que no. Porque siempre sobreviene la gran pregunta culposa: qué clase de ingrato seré que pueda negar afecto. Ego, dónde te has ido.
Y sin embargo, de algún lado sale ese ímpetu, ese amor propio que como un yelmo me resguarda la cabeza y todo lo que frágilmente habita en su interior sosteniendo un: estoy bien, gracias. O lo que es lo mismo, que te importa.

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